A pesar de que José Luis Lafarga y yo somos amigos desde hace muchos años, debo confesar que no aprecié, en un principio, la importancia de sus muebles. Más del 80 % de nuestras instalaciones de alta fidelidad eran para personas de muy alto nivel adquisitivo, en salas lujosamente decoradas, donde el “espacio” (un costoso mueble con baldas) para el equipo de High-End, ya estaba predeterminado. Corrían los años setenta.

Para mí, en aquellos momentos los muebles no existían, carecían de importancia dentro de la cadena de alta fidelidad. Yo no tenía la cultura del mueble todavía inculcada.

Más recientemente, a partir de los años 80, cuando la cultura de la alta fidelidad esotérica se fue extiendo en otros segmentos sociales, especialmente entre la gente más joven, empezó a utilizarse “un mueble separado” para el equipo de High End.

En el 2.002, haciendo una reinstalación de un equipo antiguo, el cliente mostró interés en apreciar las cualidades de las mesas de Artesanía Audio, que su hijo tan insistentemente le recomendaba. Hice pues una prueba seria en comparación con otros muebles extranjeros. La diferencia fue… ¡Alucinante!. Hasta me avergoncé.

Inmediatamente llamé a José Luis para pedirle disculpas por no haber utilizado sus muebles de los que incluso él ya me había hablado con anterioridad, confesándole que yo no pensaba que el mueble fuera tan influyente para el resultado final auditivo.

A partir de ese día comencé a proponer los muebles de Artesanía Audio, en muchos casos, como solución de problemas técnicos en instalaciones existentes y he de decir, en honor a la verdad, que imprimen tal limpieza y neutralidad al escenario musical que ya no concibo un sistema de High End sin alguno de estos muebles.

José María González
Ingeniero Superior de Telecomunicaciones